Días después que Des y Señor Tulio hicieron una peligrosa visita al capo Huertado; el mecánico se encontraba en sus noches de beodez y vuelos nocturnos por el centro de la ciudad. En ocasiones los recuerdos y atrocidades que cometió en la mina lo acosaban, cuando regresó a la ciudad mundana, encontró alivio en la bebida como dictaban las viejas costumbres.
Era en las noches sin luna que el murciélago dentro de él demandaba que acepte su naturaleza. Mientras descansaba en la azotea bebía lo que le restaba a la botella de whiskey, al mismo tiempo contemplaba un callejón que frecuentaba el objeto de su plan. Pronto un pequeño pero influyente hombrecillo de Otoño aparecería y el aprovecharía esta noche.
Des miraba el arcaico objeto en su mano y la promesa que le hizo a Grisum, el Elemental de Humo que lo ayudó a escapar en la revuelta. El polvo de la azotea lo llevó a memorias tormentosas…
Mientras huían por los angostos túneles, Des apretaba su hombro después de ser herido por la flecha de una ballesta. El polvo y los gritos de varios guardias los acompañaban al igual que los sonidos del metal chocar en combate.
Grisum y Des corrían lejos de la pelea en busca de libertad, su concentración fue interrumpida por un gran estruendo que sacudió el túnel. Franco Desmodus emitió un ultrasonido para saber que los acechaba, sus orejas de quiróptero le advirtieron de una gigantes entidad, una figura monstruosa que estremecía el suelo con cada pisada. “¡Corre! No te detengas ahora”, grito Grisum jalándolo del brazo, con un empujón el viejo lo alejó y continuaron huyendo.
Las piedras colapsaban, las paredes se cuarteaban y los escombros caían cerca de ellos. “¡Estamos cerca!”, exclamo el viejo de humo, Des vio un agujero y antes que pudiera reaccionar una roca lo golpeó en la cabeza.
Desorientado escuchó un una voz rasposa, “Rápido hombre murciélago escala y seremos libres”, Grisum lo ayudó a subir por el hueco y cuando este comenzó a subir se escuchó el sonido de un látigo seguido por un grito, Franco agarró a su compañero aun con su brazo entumecido. Los muros de la mina se despedazaban rápidamente, el polvo ofuscaba su percepción y por un segundo pudo ver el rostro gris y arrugado de Grisum, sus ojos abiertos liberaban un fino rastro humeante.
El viejo puso un objeto en la mano de Franco, “Encuentra el significado de esto”, dijo Grisum antes de ser sepultado en el túnel de su prisión.
Un alarido de dolor regresó al mecánico de vuelta del cajón de los recuerdos para ver a uno de los atacantes en el suelo, una extraña baba salía de su boca. Pronto cuatro más comenzaron a golpear brutalmente al enano con palos y fierros, Des tiró la botella y rompiendo el viento planeó hacia el encuentro.